Yo siempre te tomaba fotos. Un día de esos fuimos a un bosque, cada uno con una bebida en la mano: tú en lata y yo en botella. Horas después almorzamos; te presté para el almuerzo porque ibas a recoger a tu hermano y necesitabas el dinero para llegar hasta donde él estaba.

Un mes y siete días después te acompañé a comprar unos sobres. Te dije que no era necesario, pero insististe. Dibujaste a una persona en uno de ellos, y hasta hoy no sé si ese dibujo era yo. Me entregaste el sobre con el dinero del almuerzo y me dijiste que no te habías olvidado.
